Los pilares fundamentales de una cooperativa de viviendas colaborativas o cohousing son esenciales porque sostienen no solo la viabilidad del proyecto en los aspectos prácticos, sino también la finalidad más profunda como forma de vida alternativa y transformadora. En el centro de toda iniciativa de cohousing está la construcción de una comunidad basada en la cooperación, el apoyo mutuo y la búsqueda de una vida más plena y sostenible. Sin una base sólida, estos ideales pueden diluirse con el tiempo o verse comprometidos ante las inevitables dificultades que conlleva cualquier proyecto colectivo a largo plazo.
Uno de los pilares más importantes es la existencia de un objetivo común y unos valores compartidos por todas las personas que integramos el grupo. Este elemento actúa como eje común que orienta las decisiones, ayuda a resolver los conflictos y sustenta la cohesión del colectivo. Cuando las personas compartimos no solo un espacio físico, sino también una idea de cómo queremos vivir juntas cómo entendemos los cuidados, la vida en comunidad, el respeto a la opinión de los otros, el proyecto gana confianza y resiliencia.
La participación y la toma de decisiones democráticamente es otro de los pilares fundamentales. En la vivienda colaborativa, cada persona no es solamente un usuario del espacio, sino especialmente, parte activa en la construcción del proyecto y en su evolución. Esta implicación real en las decisiones, tanto en las grandes como en las pequeñas, refuerza el sentido de pertenencia y equidad, y protege al grupo de relaciones que puedan ser perjudiciales. Una participación bien estructurada y acompañada nos permite aprovechar mejor la diversidad de saberes, habilidades y experiencias presentes en el grupo y aportadas por cada persona.
La necesidad de una estructura legal y organizativa clara es otro factor de gran importancia. El entusiasmo colectivo y la voluntad de convivir no bastan si no lo sostenemos en un marco jurídico que ofrezca seguridad y reglas claras. En el caso de las viviendas colaborativas, la forma cooperativa se revela como la más adecuada por su lógica democrática, su vinculación con la economía social y su capacidad de adaptarse a las particularidades de cada grupo. Esta estructura debe ir acompañada de normas internas y dinámicas de funcionamiento que sean fruto del debate y acuerdos comunes y abiertas a revisión con el paso del tiempo. Es lo que llamamos el reglamento de Régimen Interno.
La sostenibilidad económica del proyecto es otro pilar esencial. El acceso a la vivienda y la creación de espacios compartidos requieren recursos significativos. Contar con un plan financiero realista y adaptado a la economía de las personas socias y estrategias para reducir costes sin renunciar a la calidad es clave para evitar desigualdades, frustraciones o desequilibrios que pueden desgastar al grupo.
El diseño arquitectónico es también parte de la esencia del modelo. No se trata simplemente de construir viviendas, sino de diseñar espacios que promuevan una convivencia respetuosa y enriquecedora, que ofrezca intimidad y, a la vez, favorezcan los encuentros y el apoyo mutuo. La arquitectura debe ser reflejo de los valores del grupo y estar concebida desde un proceso participativo que convierta al diseño en una experiencia colectiva. Además, los criterios de accesibilidad, eficiencia energética y adaptabilidad al ciclo vital de las personas refuerzan el compromiso con el entorno y con el futuro.
Los cuidados es otro fundamento de máxima importancia en nuestro proyecto. Las viviendas colaborativas no solo son una alternativa a las residencias tradicionales para los más mayores, sino una apuesta por nuevas formas de vivir las relaciones intergeneracionales, de organizar los tiempos, de acompañarnos en las distintas etapas de la vida. Cuidarnos mutuamente en el día a día, en lo emocional, es lo que permite que el modelo de vivienda colaborativa se pueda sostener.
En definitiva, estos pilares no son una simple lista de requisitos, sino los fundamentos de un modo de vida más humano, más conectado y justo. Sin ellos, una vivienda colaborativa puede convertirse en una comunidad residencial más.
Teniendo en cuenta estos pilares, este modelo de vida se transforma en una experiencia vital y social con capacidad de inspirar cambios profundos en nuestra manera de habitar el mundo.
Valores compartidos es uno de los aspectos que marca la diferencia con las viviendas tradicionales. En un proyecto de vivienda colaborativa, cada persona cuenta, aporta, comparte, decide, cuida y es cuidada.
En el modelo tradicional, adquieres una vivienda en propiedad o en alquiler con el único objetivo de habitarla.
El modelo de diseño participativo es otro de los principios que caracteriza a las viviendas colaborativas, permitiendo al conjunto de las personas integrantes, en este caso de nuestra cooperativa, participar en la planificación del diseño arquitectónico.
En el caso de la cooperativa EL Chinijo apostamos por este modelo, optando por la compra de un edificio semi construido, que hemos sometido a un cambio considerable con la asistencia técnica del arquitecto.
Nos apoyamos para diseñar el edificio en el método de trabajo de diseño participativo de Rodolfo Livingston, mediante el cual el cliente y el arquitecto piensan juntos cómo crecerá o se modificará la casa, segun palabras del propio Livingston. Uno de los lemas de este arquitecto es "Pensar es lo más económico que hay, y no pensar... es carísimo".
El arquitecto escucha los deseos y necesidades de los futuros residentes, intentando lograr encontrar la demanda real que satisfaga al grupo. Para ello realizamos varias sesiones, en las que a través de juegos se va descubriendo lo que las personas deseamos que sea ese futuro edificio, ya que según Livingston hay que tener en consideración, no solo el espacio sino también, la vida de las personas que lo van a habitar. Después de estas sesiones y pasadas varias semanas el arquitecto nos presentó cuatro variantes posibles para reformar el edificio.
Finalmente, y tras una nueva escucha en la que cada persona fue tenida en cuenta, el arquitecto retoma las ideas, las opiniones y los deseos, llevándolos nuevamente a un diseño que dio respuesta al conjunto de las personas que vamos a compartir las viviendas y los espacios comunes.
Si deseas conocer un poco más del método Livingston, pincha en el link situado debajo de estas palabras.
Intervención arquitectónica en el patrimonio habitual: el método Livingston y las casas chorizo
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